Nada ni nadie
Junio 25, 2008
Señores se acerca mi fin, antes de terminar mi temporada os dejo con otra propuesta literaria, sois mis jueces (a mi esta vez se me antoja un poco flojo…).
Y dice así (ahá ahá!):
“¡No dejéis de hablarme! Aunque parezca que no os presto atención y vuestras historias carezcan de valor para mí, no dejéis de contar conmigo, por favor ¡no me dejéis solo!
Resulta irónico, yo, que tanto alardeaba de mi austeridad y mi soledad, yo, que siempre me supe independiente y me sentía orgulloso por ello, yo, que temía acabar dependiendo de ti, ahora no puedo vivir sin la gente a la que antes evitaba.
Aun no puedo comprender lo que ha sucedido, como fue todo. Siempre me sentí con fuerzas para enfrentarme a cualquier problema, incluso tuve lástima por ti preocupándome de tu desgracia, creyendo que el mismo halo negro que te cubriría no llegaría a alcanzarme. Tal vez fuese que siempre lo tuve por imposible, tal era el sentimiento que tenía por ti que no pensé que pudiera sufrir así.
No se, ¿qué fue lo que pasó? se desvirtuaron las caricias, se descuidaron los momentos, tal vez me descuidé y no supe pedir perdón… pensándolo… quizás… acordándome… recordándote… ¡oh Dios, otra vez no!¡ya esta aquí! ¿lo veis? No me deja descansar, esta siempre a la sombra esperando para torturarme, ¡cuando nadie mira! y yo soy incapaz de enfrentarme a él. Cuando viene no lo hace solo, la brisa huele a pasado, y el eco de su voz es de felicidad, su reloj funciona al revés, y todo lo que me muestra cada segundo se aleja más de mí. Su pasatiempo favorito son los acertijos, yo los odio, comienza cada frase, cada diálogo, con un “¿Qué hubiera pasado si…?”
Y yo grito y me retuerzo de dolor, porque no puedo aguantarle, ¡no puedo aguantarme! Ocurre cada vez que me quedo solo, cada vez que oigo el silencio a mi alrededor se que es él quien lo produce, se que ya viene, y cuando por las noches se me encoge el corazón se que ya no tengo escapatoria, y esa noche Soledad es mi amante, y como no se llorar, dibujo lágrimas en la ventana para ocultar el nombre que escribo al levantarme: el tuyo.
Pero se que es tan cobarde como yo, solo se atreve a avasallarme en soledad, cuando no tengo modo alguno de defenderme. Cuando estoy con vosotros solo oigo una voz que me dice “Nunca más, no lo vuelvas a hacer.” Y yo asiento, es verdad, no lo volveré a hacer, no quiero volver a tener recuerdos, me encerraré dentro de mi, y cuando no pueda, recurriré a vosotros, amigos odiados, mi panacea, pero nunca, nunca más volveré a hacerlo, no quiero volver a amar a nadie más.”
Como decían las Vixen, sólo un tonto cree que es mejor haber amado y perdido que no haber amado nunca.
Delicioso ejercicio.
Daemonicus Imprimatur.
Jaja, eres genial, siempre tienes una cita o dicho apropiado!